Tecnología de monitoreo, clave para disminuir efectos de los desastres naturales
El escalamiento de la crisis climática ya no es una preocupación lejana, sino un desafío inmediato que está remodelando la forma en que las naciones protegen su infraestructura.
En Colombia, donde lluvias sin precedentes han provocado devastadoras inundaciones y deslizamientos de tierra, la adopción de soluciones innovadoras como tecnologías de monitoreo basadas en el Internet de las Cosas (IoT), se ha vuelto fundamental para salvaguardar a las comunidades, preservar los recursos y fomentar el desarrollo sostenible.
En situaciones críticas o de riesgo estructural, o simplemente en casos donde el monitoreo puede marcar una diferencia crucial para la seguridad, esta tecnología facilita que las infraestructuras puedan monitorizarse de forma más completa y eficiente, porque los sistemas transmiten cada parámetro vigilado (inclinación, estabilidad, etc) de forma inalámbrica, sin necesidad de desplegar cableado ni desplazar equipos de trabajadores al terreno.
Al transmitirse de forma remota a través de este tipo de redes, se puede tener control en tiempo real del estado de la infraestructura y, en caso de que se detecte algún problema, los responsables pueden tomar decisiones rápidas y evitar así problemas mayores.
Los números lo dicen todo. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), las precipitaciones en las regiones caribeña y andina superaron los promedios históricos hasta en un 50% en 2024, llevando al borde la infraestructura vial.
Las carreteras, puentes y embalses enfrentan mayores riesgos, con efectos en cascada sobre la seguridad, la movilidad y la economía.
En este escenario, por ejemplo, Colombia ha realizado importantes avances para abordar la crisis climática. El Instituto Nacional de Vías (Invías) ha desplegado su capacidad operativa con el apoyo de 2.900 microempresarios y 70 administraciones de carreteras.
Fernando Pérez, experto en monitoreo geotécnico, analiza que:
“Colombia se encuentra en una encrucijada donde la acción debe reemplazar a la reacción. La tecnología nos equipa para ir más allá de la mera respuesta a los desastres. Nos permite anticiparnos a ellos, garantizando que la infraestructura pueda resistir las realidades de un clima cambiante. Según McKinsey Research, la tecnología IoT puede reducir los costos de mantenimiento en un 20% y los tiempos de intervención en un 30%”.,
El cambio de paradigma en la gestión de riesgos.
Los sistemas de monitoreo impulsados por IoT están transformando la forma en que los gobiernos y los ingenieros gestionan los riesgos ambientales.
Al recopilar y analizar datos en tiempo real, estas tecnologías permiten a los responsables de la toma de decisiones detectar vulnerabilidades antes de que aumenten, lo que reduce los tiempos de respuesta y los costos de mantenimiento.
Las regiones propensas a inundaciones como el Caribe y el Pacífico son un ejemplo de dónde estos sistemas son más necesarios. A través de sensores avanzados y plataformas centralizadas, los datos de las estaciones meteorológicas, los niveles de agua y otros indicadores ambientales pueden guiar las acciones preventivas, minimizando el costo de vidas y la infraestructura.
Los estudios de casos internacionales subrayan el potencial de tales soluciones. Después de que los deslizamientos de tierra amenazaran zonas residenciales en Malasia, se desplegaron sensores inalámbricos para rastrear la estabilidad de las pendientes, lo que permitió intervenciones tempranas que salvaron vidas y propiedades.
Una responsabilidad colectiva.
Si bien las soluciones tecnológicas son indispensables, deben complementarse con el compromiso de la sociedad. La mala gestión de residuos, por ejemplo, agrava las inundaciones al obstruir los sistemas de drenaje y los cursos de agua.
Fernando Pérez asegura que:
“La eficacia incluso de los sistemas más avanzados depende de un compromiso compartido con la resiliencia. Abordar los riesgos climáticos requiere una combinación de tecnología, como sensores inalámbricos que transmiten datos en tiempo real a través de la red LoRa, junto con políticas y conciencia pública. Esto permite detectar instantáneamente cambios en la estabilidad de los taludes, facilitando una respuesta oportuna ante posibles deslizamientos de tierra”.
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