Empresas en Latinoamérica reciben más de 1.600 ciberataques por segundo

En América Latina, protegerse del cibercrimen se ha vuelto una urgencia silenciosa. Lo saben escuelas, hospitales y pequeñas empresas que, sin grandes recursos, enfrentan cada día ataques invisibles pero devastadores.
La región es una de las más golpeadas del mundo: cada segundo se reportan más de 1.600 ciberataques, una cifra que revela la escala del problema.
A medida que la digitalización se expande, la amenaza también evoluciona. Ya no se limita a grandes corporaciones o gobiernos; cualquier organización conectada puede ser blanco.
Según Kaseya, proveedor global de soluciones de TI, el ransomware lidera la lista de amenazas, y países como Brasil, México y Colombia concentran el mayor volumen de incidentes. Los sectores más afectados: gobierno (31 %), manufactura (12 %) y comercio (11 %).
La ciberseguridad sigue rezagada.
Una infraestructura débil, poca conciencia en ciberseguridad y escasa supervisión han abierto una puerta peligrosa. Tras la pandemia, miles de empresas migraron al entorno digital sin preparación, adoptando tecnologías sin soporte adecuado ni protección real. Hoy, muchas operan con modelos reactivos, antivirus básicos y sin visibilidad real de sus redes.
Además, la seguridad está fragmentada, a cargo de equipos de TI sobrecargados o, en algunos casos, ausentes. El error humano, como contraseñas reutilizadas o clics en correos maliciosos, sigue siendo uno de los puntos más vulnerables.
América Latina tampoco cuenta con estándares unificados de ciberseguridad, como ocurre en EE. UU. o Europa. La ausencia de políticas claras e incentivos dificulta aún más que las pequeñas y medianas empresas (PYMEs) prioricen la seguridad digital.
Las PYMEs: blancos fáciles.
Lejos de estar fuera del radar, las PYMEs son ahora objetivos principales. Su bajo nivel de protección las convierte en presas fáciles para ataques automatizados. Muchas creen que, por su tamaño, no interesan a los atacantes, pero ocurre lo contrario: son más accesibles y no siempre detectan las intrusiones.
IA: herramienta para bien o para mal.
La inteligencia artificial se ha convertido en un arma de doble filo. “Está ayudando a los atacantes a ser más rápidos e ingeniosos, pero también les da a los profesionales de TI una oportunidad real de contraatacar”, señala Kaseya.
Por un lado, los ciberdelincuentes ya utilizan IA para crear correos falsos convincentes en segundos, escanear redes en busca de vulnerabilidades y operar bots que imitan usuarios reales. Estas técnicas sofisticadas hacen que los ataques sean más difíciles de detectar.
Pero del otro lado, la IA también fortalece la defensa. Permite detectar comportamientos sospechosos antes de que se conviertan en amenazas, automatizar respuestas, aislar dispositivos comprometidos y generar alertas inteligentes que prioricen los incidentes críticos.
Para los equipos de TI pequeños, la IA puede significar la diferencia entre contener un ataque o sufrir pérdidas graves.
Hacia una protección más integrada.
Una de las barreras para mejorar la ciberseguridad en la región es la fragmentación de herramientas. Muchas empresas se ven obligadas a gestionar soluciones aisladas para antivirus, respaldo y detección de amenazas, lo que aumenta la complejidad y reduce la efectividad.
Kaseya recomienda integrar las funciones clave —antivirus avanzado, EDR, MDR y respaldo— en un solo sistema. Esto permite una gestión más sencilla y coherente, adaptada a las necesidades reales de empresas con recursos limitados.
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