Ciberataques coordinados disparan los riesgos en las organizaciones

El Informe de Ciberseguridad 2026 de Check Point documenta un cambio estructural en ataques que combinan IA, ransomware e ingeniería social a escala global.

 


La ciberseguridad ya no falla por falta de tecnología, sino por la velocidad del adversario.

¿Están las organizaciones preparadas para ataques que piensan, se coordinan y actúan más rápido que sus defensas?


El miedo invisible se ha vuelto cotidiano en las organizaciones. No se trata solo de sistemas vulnerables, sino de la certeza de que, en algún punto, alguien ya está probando cómo entrar.

En un entorno donde los ataques digitales avanzan con velocidad inédita y coordinación avanzada, la ciberseguridad enfrenta uno de sus mayores desafíos: adaptarse a adversarios que ya no actúan de forma aislada, sino como verdaderas operaciones integradas.

Así lo revela el Informe de Ciberseguridad 2026, basado en el análisis directo de actividad global de ataques vinculados con inteligencia artificial (IA), ransomware, entornos híbridos e ingeniería social multicanal.

El documento identifica un cambio medible en la forma en que los atacantes operan, se coordinan y escalan dentro de los entornos empresariales, superando los modelos tradicionales de defensa.

Los datos muestran que las campañas actuales combinan de manera deliberada IA, abuso de identidad, ransomware, infraestructura perimetral e interacción humana.

Esta convergencia tecnológica permite ataques más rápidos y difíciles de aislar, que avanzan con mayor velocidad de la que la mayoría de los programas de seguridad están diseñados para gestionar.

La IA, de herramienta empresarial a vector de ataque.

La adopción acelerada de la IA en las organizaciones ha superado la implementación de controles de seguridad adecuados. Como resultado, los atacantes han integrado esta tecnología en toda la cadena de ataque.

En un período de tres meses, el 90 % de las organizaciones analizadas se enfrentó a solicitudes de IA consideradas de riesgo; una de cada 48 fue clasificada como de alto riesgo y más del 16 % presentó señales de exposición de datos, abuso de privilegios o manipulación indirecta de solicitudes.

Estos incidentes críticos no ocurrieron en entornos de prueba, sino dentro de flujos empresariales, sistemas de atención al cliente y herramientas internas de productividad. Además, la infraestructura de IA también se ha convertido en objetivo.

Un análisis de Lakera, empresa de Check Point, sobre unos 10.000 servidores del Protocolo de Contexto de Modelo (MCP) detectó vulnerabilidades de seguridad en el 40 % de ellos.

Hoy, los sistemas de IA forman parte del núcleo operativo de las organizaciones, y cuando fallan, lo hacen a gran escala.

Ransomware: más fragmentado, más rápido.

Durante 2025, el ransomware continuó creciendo en volumen, pero con una estructura distinta. Las operaciones se fragmentaron en unidades más pequeñas, automatizadas y especializadas, muchas de ellas respaldadas por IA.

Este cambio provocó un aumento de ataques, una reducción del tiempo de permanencia dentro de los sistemas y mayor presión operativa sobre los equipos de seguridad.

El informe documenta un aumento interanual del 48 % en las víctimas de extorsión y del 50 % en los nuevos grupos de ransomware como servicio, en un contexto donde los modelos basados en reputación pierden efectividad. Grupos más pequeños y descentralizados concentran ahora la mayor parte de la actividad.

Ángel Salazar, Gerente de Ingeniería de Canales para América Latina de Check Point Software, asegura:

“La IA se utiliza cada vez más para mejorar las operaciones de selección de objetivos, negociación y presión, especialmente en escenarios de extorsión basados únicamente en datos. Más de la mitad de las víctimas conocidas de ransomware residían en Estados Unidos”.

Estos ataques, en su mayoría, no dependen de vulnerabilidades nuevas, sino del acceso previo y de la capacidad de actuar con rapidez una vez dentro de los sistemas.

Entornos híbridos: una ventaja para el atacante.

La expansión operativa se consolida como uno de los principales factores de riesgo. A medida que las organizaciones combinan dispositivos locales, servicios en la nube e infraestructura perimetral, la superficie de ataque crece.

El informe señala que los dispositivos periféricos y no supervisados se utilizan cada vez más como puntos de acceso iniciales y como bases desde las cuales los atacantes se mezclan con el tráfico legítimo de la red.

En muchos casos, la recopilación de credenciales y el movimiento lateral comienzan antes de que los equipos de defensa detecten comportamientos anómalos. La complejidad híbrida deja de ser solo un reto de gestión para convertirse en una ventaja operativa para los adversarios.

Ciberoperaciones y conflicto.

Durante 2025, las operaciones cibernéticas también se integraron de forma más visible en contextos de conflicto. Las campañas observadas combinaron ataques a sistemas civiles, servicios en la nube e infraestructura física, mientras que la IA aceleró las operaciones de influencia y manipulación narrativa. Espacios de trabajo civiles fueron utilizados para afectar la confianza pública y las actividades cotidianas.

Más allá del correo electrónico.

Aunque el correo electrónico sigue siendo el principal canal de entrega de archivos maliciosos, ya no actúa solo. El 1,46 % de los correos con archivos adjuntos recibidos por las organizaciones fue malicioso.

El correo concentró el 82 % de estas entregas, frente al 18 % de los ataques web. Además, la actividad de ClickFix creció cerca de un 500 % y la suplantación telefónica se consolidó como una técnica de intrusión dirigida a entornos empresariales.

Los atacantes coordinan ahora múltiples canales —correo electrónico, web, teléfono y plataformas de colaboración— para manipular a los usuarios y evadir controles técnicos.

Un mensaje claro para 2026.

El informe muestra un aumento interanual del 18 % en los ciberataques y del 70 % desde 2023. Para 2025, las organizaciones enfrentaron en promedio 1.968 intentos de ataque por semana. El sector educativo registró el mayor volumen, mientras que salud, gobierno, energía, automoción, hostelería y agricultura experimentaron incrementos significativos.

Más allá de las cifras, la evidencia clara apunta a un patrón: los atacantes combinan velocidad, automatización y confianza para escalar sus operaciones. Para los responsables de seguridad que planifican el próximo año, el mensaje es directo: los ataques ya están coordinados, la exposición es medible y el siguiente paso será definir la respuesta.


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