¿Son los proveedores el nuevo punto débil de la ciberseguridad?

La seguridad informática ya no depende únicamente de los empleados de una organización.
El crecimiento de los accesos remotos de proveedores y contratistas está ampliando la superficie de riesgo para las empresas.
Los proveedores externos están adquiriendo un papel cada vez más relevante en los riesgos de ciberseguridad que enfrentan las organizaciones. A medida que las empresas amplían sus ecosistemas digitales y dependen de consultoras, integradores, proveedores tecnológicos y equipos de soporte remoto, también aumenta la necesidad de supervisar cómo estos terceros acceden a los sistemas corporativos.
De acuerdo con el 2025 Data Breach Investigations Report (DBIR) de Verizon, la participación de terceros en las brechas de seguridad se duplicó durante el último año, al pasar del 15 % al 30 % de los incidentes analizados.
El dato refleja que la seguridad ya no depende únicamente de los empleados, sino también de las personas y organizaciones externas que acceden a los entornos corporativos para desarrollar sus funciones.
En la práctica, los proveedores se han convertido en una extensión operativa de las organizaciones, lo que hace necesario contar con mayores niveles de visibilidad sobre quién accede a los sistemas, cuándo lo hace y qué actividades realiza durante cada conexión.
Javier Fernández, Territory Manager NOLA de BeyondTrust: «Las organizaciones deben saber no solo quién se conecta a sus entornos, sino también cuándo lo hace, desde dónde y qué actividades realiza durante cada sesión».
Los terceros también forman parte del riesgo.
La relación con proveedores externos suele construirse sobre la confianza. Sin embargo, en materia de ciberseguridad, esa confianza debe complementarse con mecanismos de control y supervisión.
Consultores, proveedores tecnológicos, equipos de soporte, integradores y otros socios externos necesitan acceder a sistemas críticos para desarrollar sus funciones.
La falta de visibilidad sobre esos accesos puede derivar en cuentas huérfanas, permisos excesivos o actividades difíciles de rastrear cuando ocurre un incidente.
Entre los aspectos que las organizaciones deberían revisar de forma periódica se encuentran:
Qué terceros tienen acceso a los sistemas corporativos.
Si los permisos asignados continúan siendo necesarios para las funciones que desempeñan.
Si los accesos son permanentes o se habilitan únicamente cuando se requieren.
Qué nivel de trazabilidad existe sobre las actividades realizadas durante las conexiones remotas.
Si existen mecanismos para suspender o finalizar una sesión cuando se detecta una actividad inusual.
Visibilidad y control para reducir la exposición.
A medida que los ecosistemas digitales se vuelven más complejos, las organizaciones necesitan adoptar un enfoque más granular sobre la gestión de accesos de terceros.
Aplicar el principio de mínimo privilegio, limitar los permisos a tareas específicas y revisar periódicamente las autorizaciones contribuye a reducir la superficie de exposición.
En este contexto, las soluciones de gestión de accesos privilegiados remotos permiten administrar y supervisar las conexiones de empleados, contratistas y proveedores desde una única plataforma.
Además de habilitar conexiones remotas, incorporan funciones de monitoreo, auditoría y registro de sesiones, que facilitan el seguimiento de las actividades realizadas por usuarios externos y fortalecen el control sobre los accesos.
Más allá de otorgar credenciales.
La gestión de terceros ya no puede limitarse a asignar credenciales de acceso. Contar con mecanismos que permitan verificar quién accede, qué acciones realiza y durante cuánto tiempo mantiene esos permisos se perfila como una práctica cada vez más importante para fortalecer la resiliencia cibernética.
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