Pantallas y tristeza: la nueva cara de la depresión infantil

¿Cómo detectar si el malestar de tu hijo es solo estrés o un signo de depresión y ansiedad?
La forma en que los niños expresan sus emociones hoy es más silenciosa y difícil de detectar que nunca.
Irritabilidad persistente, aislamiento progresivo y dolores físicos sin causa aparente pueden ser más que “caprichos” o etapas normales del desarrollo infantil. Especialistas alertan que la depresión y la ansiedad en niños y adolescentes adoptan formas menos visibles, dificultando la detección temprana por parte de familias y escuelas.
Alerta en cifras.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete niños y adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún trastorno de salud mental, siendo la ansiedad y la depresión los más comunes.
En América Latina, datos de UNICEF muestran que cerca del 20 % de los adolescentes reporta síntomas compatibles con estos trastornos, con una tendencia creciente que preocupa por su impacto en el desarrollo emocional, social y académico.
Expertos del Hospital Infantil Universitario de San José (HIUSJ) señalan que el uso intensivo del celular y las pantallas puede agravar o acelerar la aparición de síntomas depresivos y ansiosos, aunque su efecto no siempre es inmediato ni evidente.
Señales que importan.
El Dr. Mateo Benítez, especialista en Psiquiatría del Hospital Infantil Universitario San José, explica:
“El criterio clave no es solo la presencia del síntoma, sino su duración, intensidad y el impacto que tiene en la funcionalidad del niño, especialmente cuando hay un contraste claro con su comportamiento previo”.
Más allá de comportamientos aislados, los especialistas advierten que cambios sostenidos en la irritabilidad, el desinterés o el rendimiento académico requieren atención profesional.
En muchos casos, el malestar emocional se expresa a través del cuerpo: dolores abdominales, cefaleas, cansancio extremo, mareos o dolores musculares sin causa médica clara pueden ser señales de ansiedad o depresión, lo que genera múltiples consultas médicas antes de considerar una valoración en salud mental.
El impacto del celular y las pantallas, especialmente cuando se usan más de tres horas diarias para redes sociales o videojuegos, se asocia con alteraciones del sueño, menor tolerancia a la frustración y cambios en los circuitos de recompensa del cerebro. Benítez lanza esta alerta:
“El impacto del celular no suele ser inmediato ni evidente. Se manifiesta de forma progresiva cuando el niño presenta alteraciones del sueño, se muestra irritable al ser apartado de las pantallas y comienza a preferirlas sobre actividades que antes disfrutaba, afectando su autoestima y su capacidad para manejar la frustración”.
Regreso a clases crítico.
El regreso a clases y los cambios en la rutina académica son momentos críticos. Los especialistas recomiendan prestar atención cuando los niños muestran crisis de llanto o pánico, negativa persistente a asistir al colegio, síntomas físicos intensos o conductas regresivas.
La recomendación es clara: cuando los síntomas se prolongan por más de dos semanas, interfieren con la vida cotidiana del niño o se acompañan de ideas de culpa, minusvalía o muerte, es fundamental una valoración profesional oportuna.
Minimizar estos signos o atribuirlos exclusivamente a problemas de comportamiento puede generar consecuencias a largo plazo, como baja autoestima, conductas autoagresivas, dificultades en las relaciones sociales, abandono escolar y mayor riesgo de trastornos mentales en la adolescencia y adultez.
Desde la psiquiatría infantil, el mensaje es contundente: la detección y el tratamiento temprano mejoran el pronóstico, reducen el impacto académico y emocional, y permiten que los niños desarrollen herramientas saludables para enfrentar el estrés y los desafíos propios de su etapa vital.
En un mundo cada vez más mediado por la tecnología, el Hospital Infantil Universitario de San José hace un llamado a no subestimar los cambios emocionales y conductuales, fortalecer la comunicación familiar, regular el uso de pantallas y priorizar la salud mental infantil como componente esencial del bienestar integral.
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