IA podría consumir hasta 70% de energía en data centers

El auge de la inteligencia artificial está trasladando la presión tecnológica hacia el consumo energético y la capacidad de infraestructura de los data centers.
El crecimiento acelerado de la IA está elevando la demanda eléctrica, el uso de agua y la necesidad de nuevos sistemas de enfriamiento y gestión energética.
El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial está elevando la presión sobre la infraestructura energética y ambiental de los data centers. Cada consulta realizada a plataformas como ChatGPT o Copilot implica consumo de electricidad y recursos hídricos en centros de datos que operan bajo crecientes exigencias de capacidad computacional.
En ese escenario, la energía dejó de ser un componente técnico para convertirse en un recurso estratégico y competitivo dentro de la economía digital impulsada por IA.
La International Energy Agency proyecta que el consumo eléctrico de los centros de datos podría duplicarse hacia 2026. A su vez, estimaciones de Deloitte indican que la demanda energética del sector podría crecer hasta 300% hacia 2035, impulsada principalmente por cargas asociadas a inteligencia artificial.
La firma estima además que la IA podría representar cerca del 70% del consumo total de energía de estos complejos tecnológicos en los próximos años.
Luis Santamaría, Cloud and Service Provider Segment Leader de Schneider Electric, explica:
“La industria viene cambiando muy rápido: tenemos más densidad, mayor dependencia energética, más presión por velocidad y menos tolerancia al error”.
Según el ejecutivo, la gestión energética ya no puede abordarse únicamente desde el área técnica y pasó a formar parte de las decisiones estratégicas del negocio.
El diseño tradicional de racks evolucionó hacia configuraciones que superan los 40 kilovatios por unidad, aumentando las exigencias sobre sistemas de enfriamiento y eficiencia operativa.
Los sistemas de refrigeración pueden representar hasta el 40% del consumo total de un data center, impulsando nuevas estrategias de optimización energética.
Entre las principales tendencias del sector destacan:
Enfriamiento líquido y refrigeración directa al chip;
sistemas de free cooling;
arquitecturas modulares y escalables;
optimización del indicador PUE (Power Usage Effectiveness).
Estas tecnologías buscan reducir consumo energético, mejorar eficiencia térmica y facilitar ampliaciones progresivas de capacidad sin sobredimensionar infraestructura.
Sin embargo, el desafío no se limita a instalar más capacidad eléctrica. La planificación energética empieza a convertirse en un factor estratégico para responder a picos simultáneos de demanda, fallas eléctricas y expansión acelerada de cargas impulsadas por IA.
Un diseño energético inadecuado puede elevar costos operativos, generar sobreprotección de infraestructura o comprometer disponibilidad ante aumentos acelerados de demanda.
La International Energy Agency advierte que la inteligencia artificial podría representar más del 4% de la demanda eléctrica mundial antes de 2030.
En América Latina, el mercado de data centers alcanzó un valor estimado de entre US$ 5000 y US$ 6000 millones en 2023 y podría duplicarse hacia 2029, según estimaciones del United Nations Development Programme.
No obstante, la expansión regional dependerá de factores como disponibilidad energética competitiva, regulación y sostenibilidad ambiental.
El consumo de agua también emerge como uno de los principales desafíos de la infraestructura digital. De acuerdo con el PNUD, un centro de datos puede consumir entre 10 y 50 veces más electricidad que un edificio comercial estándar y utilizar hasta 25,5 millones de litros de agua al año para refrigeración.
Esa cifra equivale al consumo anual aproximado de 300.000 personas, un factor especialmente sensible en regiones con estrés hídrico.
Santamaría sostiene que el cambio estructural ocurre cuando energía, software y operación funcionan como un sistema integrado. Santamaría agrega que:
“Las organizaciones que avanzan son las que entendieron que el data center ya no es solo infraestructura, sino una plataforma digital crítica que debe trabajarse en conjunto para operar mejor, con más eficiencia, resiliencia y capacidad de anticipación”.
A nivel global, la industria explora inversiones crecientes en energías renovables, almacenamiento energético, reutilización de agua tratada y tecnologías emergentes como reactores modulares pequeños.
El desafío para el sector es doble: sostener el crecimiento del cómputo impulsado por IA sin comprometer la estabilidad energética y, al mismo tiempo, reducir la presión ambiental sobre recursos críticos como electricidad y agua.
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