IA incrementa presión operativa en centros de datos

El aumento de cargas por inteligencia artificial está obligando a los centros de datos a gestionar riesgos más complejos e interdependientes.

 


Detrás de cada clic, video o transacción digital, hay una infraestructura que trabaja al límite sin que la mayoría lo note.

La irrupción de la inteligencia artificial está redefiniendo qué significa que un centro de datos sea realmente resiliente.


Hay momentos en los que la vida digital se detiene por un instante —una app que no carga, un servicio que falla, una transacción que no se completa— y casi nunca se ve lo que ocurre detrás de ese silencio.

En esa invisibilidad operan los centros de datos, infraestructuras críticas que hoy enfrentan una presión creciente impulsada por la inteligencia artificial y su demanda de cómputo digital y velocidad.

El avance de la inteligencia artificial está llevando a estos sistemas a un nivel de exigencia sin precedentes. El entrenamiento de modelos, el procesamiento masivo de información y las cargas de inferencia en tiempo real requieren cada vez más capacidad de cómputo y energía.

En ese contexto, la resiliencia de la infraestructura digital ya no se mide únicamente por el “uptime”, sino por la capacidad de anticipar y gestionar riesgos en entornos altamente interconectados.

Infraestructura interconectada.

Los incidentes, de hecho, ya no suelen originarse en la falla aislada de un componente. Surgen, más bien, de la interacción entre sistemas energéticos, infraestructura TI y plataformas de enfriamiento.

Luis Santamaría, Cloud and Service Provider Segment Leader de Schneider Electric, explica que esta interdependencia obliga a replantear la gestión de estas infraestructuras.

“Los centros de datos han evolucionado hacia sistemas altamente interdependientes. Un evento en energía puede afectar el enfriamiento, y un problema térmico puede impactar directamente en la capacidad de procesamiento”.

A nivel global, existen cerca de 10 000 centros de datos en 164 países, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), aunque su distribución es desigual.

América Latina y el Caribe concentran apenas el 4,8% de esta infraestructura digital, lo que evidencia la brecha tecnológica y el potencial de crecimiento regional.

Luis Santamaría, Cloud and Service Provider Segment Leader de Schneider Electric.

Riesgo sistémico creciente.

En la industria, uno de los cambios más relevantes es el paso de incidentes puntuales a fallas sistémicas, en las que distintos subsistemas interactúan y pueden generar efectos en cadena. Por ejemplo, un aumento repentino en la carga de procesamiento puede elevar la temperatura del hardware.

El sistema de enfriamiento responde incrementando su actividad, por lo que una gestión y mantenimiento optimizados resultan clave para mejorar el rendimiento energético y la eficiencia operativa.

Cuando la gestión energética no está alineada con la operación del sistema, el equilibrio general puede verse comprometido. Santamaría advierte:

“Hoy vemos más riesgo sistémico: no falla un componente, sino la interacción entre los sistemas. Energía, cooling, TI y automatización están tan interconectados que cualquier desajuste puede escalar rápidamente en un problema operativo”.

Durante años, la continuidad operativa se apoyó en la redundancia: duplicar sistemas críticos o incorporar generadores de respaldo. Aunque estas medidas siguen siendo relevantes, ya no resultan suficientes por sí solas.

Los centros de datos modernos generan grandes volúmenes de información sobre consumo energético, temperatura y comportamiento de las cargas de trabajo, lo que abre la posibilidad de anticipar riesgos si esos datos se analizan de forma adecuada.

Sin embargo, ese potencial aún no se aprovecha plenamente. Santamaría lo resume así:

“Si somos honestos como industria, todavía hay mucho uso reactivo en los datos. Tenemos sensores y monitoreo en tiempo real muy potentes, pero en muchos casos se utilizan solo para ver alarmas y no para anticipar decisiones”.

El desafío, entonces, es transformar esos datos en capacidad predictiva para anticipar escenarios operativos. Este cambio ocurre en un contexto de fuerte expansión del sector.

El informe Latin America Data Center Market Landscape 2024 proyecta que los centros de datos de colocation y edge crecerán más de 25% anual en la región hasta 2026, impulsados por servicios en la nube, analítica avanzada e inteligencia artificial.

Economía digital global.

La relevancia de esta infraestructura también crece por su papel en la economía digital global. Los centros de datos sostienen servicios financieros, comercio electrónico, telecomunicaciones, sistemas de salud, entre otras industrias.

Al mismo tiempo, la IA impulsa nuevas inversiones en infraestructura tecnológica. Países como China han anunciado más de US$ 70 000 millones destinados al desarrollo de centros de datos, mientras grandes empresas tecnológicas construyen instalaciones cada vez más potentes para operar modelos de IA a escala global.

Este crecimiento exige modernizar sistemas de energía, enfriamiento, conectividad y monitoreo. En ese marco, Santamaría plantea un cambio de enfoque:

“La resiliencia ya no solo se define como uptime, sino como capacidad de adaptación: entender cómo responde el sistema completo ante nuevos escenarios y tomar decisiones antes de que el incidente ocurra”.

En un entorno de expansión acelerada de la inteligencia artificial y mayor dependencia de la infraestructura digital, los centros de datos enfrentan un reto claro: pasar de reaccionar ante fallas a anticiparlas.

La resiliencia del futuro dependerá menos de la acumulación de respaldos técnicos y más de la comprensión profunda de cómo interactúan los sistemas que sostienen la operación digital.


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